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La soledad en tiempos difíciles

La soledad es un sentimiento desagradable cada vez más frecuente. Las relaciones sociales en el mundo occidental son más superficiales que antaño y muchas veces se sostienen sin contacto físico alguno, a través de la pantalla. Nuestra red de contactos es más amplia que nunca antes, pero la calidez se pierde en muchos contextos. Desde marzo de 2020, este patrón de relación se ha intensificado a causa de la crisis sanitaria del COVID-19, aumentando también el sentimiento de soledad.



Cuando la soledad es elegida


Según la RAE la soledad es la “carencia voluntaria o involuntaria de compañía”. Partir de esta definición nos permite reflexionar sobre la necesidad de compañía de cada persona. Cada vez son más las personas que eligen vivir solas, viajar solas, ir al cine o a un café solas… y un largo etcétera de opciones de ocio en solitario que otras personas jamás se plantearían. Algunas siguen el refrán “mejor solo que mal acompañado”, mientras que otras simplemente muestran un interés genuino en cultivar su relación con ellas mismas. Es probable que estas últimas no se sientan nada solas.


Por otro lado, encontramos a las personas que han perdido la compañía de un ser querido y aquellas que apenas la han tenido en su vida. La pérdida de un compañero o compañera sentimental, ya sea por muerte o por separación, suele venir con una intensa sensación de soledad. Esa persona con la que compartíamos nuestra vida ya no está y prepararnos para una vida sin ellos supone un desafío. Lo mismo puede suceder con la pérdida de un familiar, que nos deja un profundo sentimiento de vacío.


En la actualidad, muchos ciudadanos de todas partes del mundo han perdido a alguien a causa del coronavirus y las medidas de seguridad propuestas por las autoridades no les ayudan a procesar su duelo. También muchas personas que ya vivían solas, sobre todo personas mayores, que se nutrían de las relaciones de fuera (la hija que visita a su madre, el del bar que nos pregunta cómo va todo, el frutero que nos saca una sonrisa, etc.) han visto cómo se han reducido sus contactos con la llegada del virus.


Cuando falla la red de apoyo


Una variable que también está implicada en el sentimiento de soledad es la subjetividad con la que alguien se siente así. Es posible que nos sintamos solos/as a pesar de estar rodeados/as de mucha gente. También puede suceder lo contrario, que estemos físicamente solos/as pero que no lo vivamos de esa manera. Una clave en este aspecto es la percepción de una red de apoyo sólida.


Cuando las personas que nos acompañan no forman parte de nuestra red de apoyo social o si esta red de apoyo es mediocre, es probable que nos sintamos muy aislados/as: en soledad, sin personas con las que compartir nuestras alegrías y nuestras penas, sin personas a las que apoyar y con las que sentirnos escuchados/as. Mejorar dicha red nos hará sentir más acompañados y aumentará nuestro bienestar emocional. No olvidemos que somos seres sociales por naturaleza. Por tanto, la falta de contacto prolongado nos genera mucho malestar.


Disponer de una red de apoyo saludable se convierte en uno de los pilares de nuestro bienestar. No sólo se trata de pasar tiempo con estas personas sino también de saber que estarán ahí cuando las cosas se tuerzan y verdaderamente les necesitemos.

Una red de apoyo de calidad se forma habitualmente con el núcleo familiar y social más cercano a la persona. Se trata de un conjunto de personas con las que tenemos un contacto frecuente y con cierto grado de intimidad. Cultivar estas relaciones requiere de una dedicación por nuestra parte, así como de una reciprocidad. Y ahora, en tiempos de mascarillas y distanciamiento social, también requiere de mucha creatividad.


Por muchas medidas que se planteen, siempre hay alternativas. Además de llamar por teléfono y hacer videollamadas, existen otras formas seguras de relacionarse en estos tiempos. Las más recomendadas, reunirse al aire libre y mantener las mascarillas y la distancia social. Aunque cada vez las restricciones son menores y hacer planes es más sencillo. ¿Y a ti? ¿Qué plan se te ocurre?



Clara Ponce Grosso en Addere Psicología





 
 
 

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